
Un punzón que nos perfora cual glasé. Nos estamos dando cuenta qué tan necesario es, un cambio, una exteriorización de todos los miedos, de todos los aciertos y desaciertos. Cerrar los ojos y parar el llanto, abrazándose a aquello que supo llegar en el momento esperado, ahora sintiendo que se resquebraja y se diluyen sus cenizas en nuestras manos. Un manotazo de ahogado, un pecho sin aire, re-inventarse y renacer, dar todo de nuevo, ésta vez sin margen de error.

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