
Una agenda nueva, contactos y fechas una tras el otra, horarios y organización. Mentiras anilladas, renglones estrictamente limpios de extremo a extremo. Linealidad,y el deseo de mover los granos de arena del reloj, de batir el tiempo y romper con el espacio.Un miércoles culinario, unas ganas de otoño y la promesa subjetiva de la compañía. Suena música y el ambiente se viste de blanco, afuera una guerra de papelitosamarillos pegados a los monitores, números de teléfonos apilados en tiritas de papel con bordes rasgados en apuros. Pero acá todo está tan amplio yperfectamente empleado cada mínimo de lugar, que no se siente ni se habla de todo eso, de esos robotitos contemporáneos programados para caer como un grano de arenamás.

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