martes, 7 de febrero de 2012

Una agenda nueva, contactos y fechas una tras el otra, horarios y organización. Mentiras anilladas, renglones estrictamente limpios de extremo a extremo. Linealidad,
y el deseo de mover los granos de arena del reloj, de batir el tiempo y romper con el espacio.
Un miércoles culinario, unas ganas de otoño y la promesa subjetiva de la compañía. Suena música y el ambiente se viste de blanco, afuera una guerra de papelitos
amarillos pegados a los monitores, números de teléfonos apilados en tiritas de papel con bordes rasgados en apuros. Pero acá todo está tan amplio y
perfectamente empleado cada mínimo de lugar, que no se siente ni se habla de todo eso, de esos robotitos contemporáneos programados para caer como un grano de arena
más.

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